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Antonio Rivero, doctor en Geografía e Historia y Licenciado en CAFYD

23/01/2024

El COE y sus difíciles comienzos

El COE y sus difíciles comienzos La misma tardanza y dificultades que presidieron la creación definitiva del Comité Olímpico Español revelaría las dificultades que tuvieron los deportes amateurs y olímpicos en España. Una serie de contratiempos y malos entendidos retrasó la incorporación española al movimiento olímpico internacional, a diferencia de lo sucedido en el mundo futbolístico.

Situación que, como todos conocemos, terminó casi un siglo después con la elección de Juan Antonio Samaranch como presidente del Comité Olímpico Internacional (1980)  y la  posterior elección de Barcelona 92 como sede de la XXVº edición de los Juegos Olímpicos modernos.

Historia, decimos, complicada, confusa y con distintos relatos y desencuentros personales e institucionales (poca animosidad de los dirigentes deportivos españoles, los intentos de un comité olímpico catalán, las necesarias intervenciones de Coubertin, etc.,).

Cuando en 1894, en la Sorbona, Pierre de Coubertin pudo consensuar su idea de organizar unos Juegos Olímpicos modernos, estaban presentes tres españoles, profesores asturianos que representaban en el acto a la Universidad de Oviedo. Eran Adolfo Buylla, Aniceto Sala y Adolfo Posada. A partir de entonces, asombrosamente, la presencia oficial española en el movimiento olímpico desapareció, justamente cuando se estaba gestando una de los proyectos internacionales más importantes para el  nuevo siglo XX.

En los Juegos Olímpicos de Atenas (1896) no hubo participación española. En París, 1900, juegos recordados por su caótica organización al hacerlos coincidir con la Exposición Universal, participaron ocho deportistas españoles (cinco en remo, dos en pelota vasca, oro por incomparecencia de los rivales, y uno en esgrima), además de algún otro deportista que participaría a título personal, y que según los criterios establecidos en el año 2004 las pruebas en las que participaron no han sido reconocidas como olímpicas. Este fue el caso de Pedro Pidal, medalla de plata en tiro de pichón.

Coubertin  había decidido que el sistema de “cooptación” era el adecuado para extender el Movimiento Olímpico Internacional por el mundo. Él elegía unilateralmente (cooptaba) a personas distinguidas, gentleman a los que les gustara o practicaran el deporte   y con cierta relevancia social, para ser los representantes  de sus naciones de origen en el Comité Olímpico Internacional. Coubertin les responsabilizaría de fundar el comité olímpico nacional respectivo.

Dada la incomparecencia en el ámbito olímpico internacional de las organizaciones deportivas españolas, Pierre de Coubertin, que viajó con frecuencia a España, tuvo que ejercer de impulsor de las instituciones olímpicas en nuestro país y así en  1902 cooptó para ser el representante del C.I.O, en España a D. Gonzalo de Figueroa y Torres, Conde de Mejorada del Campo y Marqués de Villamejor, primer miembro español del alto organismo olímpico. Éste tardaría diez  años (23 de noviembre de 1912) en fundar el Comité Olímpico Español.

En los Juegos Olímpicos de San Luis (1904) y Londres (1908) la actividad de la delegación española fue inexistente: no hubo participación española (y ni siquiera ayuda oficial para trasladar a la cita olímpica una representación) en ninguna de aquellas dos importantes citas.

Finalmente, y no sin innumerables problemas, que obligaron a intervenir al  mismísimo Pierre de Coubertín, el 23 de noviembre de 1912 se creó el Comité Olímpico Español  (incluso los colores de la bandera española, según el propio Coubertin, pasaron a formar parte de la bandera del COI).

El Comité Olímpico Español  se formaba y reunía solamente antes de la cita olímpica, para la organización de nuestra representación y desaparecía tras la celebración de los Juegos Olímpicos para la que fueron constituidos. Lo que da una visión de la improvisación que reinaba en nuestro ámbito de representación olímpica.

No fue hasta su refundación, en 1924, cuando el COE quedó definitivamente constituido como institución permanente en el tiempo. Etapa esta sobre la que nos referiremos en un próximo capítulo.

Antonio Rivero, doctor en Geografía e Historia y Licenciado en CAFYD

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