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Estudio de la Universidad de Granada

13/03/2026

Una bacteria del intestino es capaz de mejorar la fuerza muscular

Una bacteria del intestino es capaz de mejorar la fuerza muscular Científicos de la Universidad de Granada han identificado una bacteria intestinal, del género Roseburia, asociada con músculos más fuertes y una mejor condición física. Esta bacteria es menos abundante en adultos mayores que en los jóvenes.

Los resultados respaldan el concepto de un eje intestino–músculo. Jonatan Ruiz, catedrático del Departamento de Educación Física y Deportiva de la UGR e investigador del Instituto Mixto Universitario Deporte y Salud (iMUDS) señala que “en conjunto, nuestros hallazgos aportan una evidencia sólida que ratifica la existencia de un eje intestino-músculo en el que esta bacteria identificada modula positivamente el metabolismo muscular y la fuerza muscular”. 

Además, los científicos de la UGR, en colaboración con los de la Universidad de Almería y el Leiden University Medical Center (Países Bajos), han observado que la bacteria es menos abundante en adultos mayores que en adultos jóvenes, lo que sugiere que sus niveles pueden disminuir con la edad, un periodo en el que se pierde masa muscular.

“Esto abre la posibilidad de que la bacteria investigada pueda usarse como probiótico para ayudar a preservar la fuerza muscular durante el envejecimiento”, explica el investigador de la Universidad de Almería, Borja Martínez Téllez.

El equipo ha analizado si determinados microbios intestinales se asocian con la fuerza muscular y la condición física. Para ello, han estudiado muestras de heces de 90 adultos jóvenes sanos (18–25 años) y de 33 adultos mayores (65 años o más). Los participantes en los experimentos también han realizado varias pruebas de condición física, incluyendo fuerza de prensión manual, fuerza de piernas y fuerza del tren superior (músculos pectorales), y se ha medido el consumo máximo de oxígeno, un indicador de la capacidad cardiorrespiratoria.

Entre los numerosos grupos bacterianos detectados, destaca el género Roseburia, ya que su abundancia se asocia con el aumento de la masa muscular y la fuerza. En particular, una especie (Roseburia inulinivorans) muestra relación con la condición física.

Los adultos mayores en los que esta bacteria está presente han demostrado en los experimentos un 29% más de fuerza de prensión manual, en comparación con aquellos en los que no se ha detectado dicha bacteria. En los adultos jóvenes, una mayor abundancia de la misma se asocia tanto con mayor fuerza de prensión como con una capacidad cardiorrespiratoria más alta.

Otras especies del género Roseburia ofrecen patrones diferentes: ‘R. intestinalis’ se relaciona con la fuerza de piernas y del tren superior en adultos jóvenes, mientras que ‘R. faecis’ y ‘R. hominis’ no arrojan asociaciones significativas con los indicadores estudiados.

Para explorar si la Roseburia puede influir directamente en la función muscular, los investigadores han hecho experimentos con ratones. Tras reducir temporalmente su microbiota intestinal mediante antibióticos, los animales han recibido cepas humanas de la bacteria, una vez por semana durante ocho semanas. 

Los ratones tratados con la bacteria han presentado un aumento aproximado del 30% en la fuerza de agarre de las extremidades anteriores, en comparación con los animales que no la han recibido.

Además, los ratones han desarrollado fibras musculares de mayor tamaño y una mayor proporción de fibras musculares tipo II, las de contracción rápida, en el músculo sóleo de la pantorrilla, importantes para la fuerza y la potencia. Estos cambios también se acompañan de alteraciones metabólicas en proteínas y enzimas clave en la producción de energía muscular.

Los investigadores señalan varias limitaciones. En los experimentos con ratones, las cepas humanas de Roseburia no han colonizado permanentemente el intestino, y el estudio no ha evaluado directamente ciertos mecanismos biológicos como las vías inflamatorias o la señalización neuromuscular. Por ello, serán necesarias investigaciones a largo plazo que determinen si los cambios en los niveles de ‘R. inulinivorans’ causan mejoras en la función muscular o si son consecuencia de ellas.

Para acceder al estudio (en inglés), pinche aquí.

Munideporte.com

 
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