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Estudio de la Universidad de Newcastle (Reino Unido)
23/01/2026 Diez minutos de ejercicio intenso activarían defensas contra el cáncer
Un equipo de investigadores de la Universidad de Newcastle ha realizado un estudio que concluye que diez minutos de ejercicio intenso podrían activar las defensas contra el cáncer, reduciendo el crecimiento de las células cancerosas y reparando el ADN.La idea de que el deporte reduce el riesgo de cáncer no es nueva; desde hace años se sabe que quienes llevan una vida activa tienden a tener menores tasas de tumores en distintos órganos. Pero hasta ahora faltaba comprender cómo se produce ese vínculo biológico profundo. La respuesta ahora empieza a tomar forma gracias a un experimento que, por su sencillez, resulta casi sorprendente: después de una sesión corta de ejercicio vigoroso, se detectan en la sangre señales que cambian la actividad de más de 1.300 genes relacionados con procesos clave en el desarrollo del cáncer. La investigación de Newcastle se llevó a cabo con adultos entre 50 y 78 años, un grupo especialmente relevante porque muchos factores de riesgo del cáncer aumentan con la edad. Todos los participantes estaban en sobrepeso u obesidad, condiciones que también se asocian con un mayor riesgo de tumores, pero, aparte de eso, se encontraban sanos. Se les pidió que completaran un ejercicio intenso de ciclismo durante diez minutos. Ese esfuerzo fue lo bastante breve como para que pudiera encajar en la vida cotidiana de cualquiera, pero, al mismo tiempo, lo bastante exigente como para provocar cambios notables en la biología interna. Antes y después de la sesión, se tomaron muestras de sangre para analizar qué había cambiado. Los científicos detectaron niveles elevados de diversas moléculas en el torrente sanguíneo, muchas de las cuales están relacionadas con la reducción de la inflamación, la mejora de la función de los vasos sanguíneos y un metabolismo más eficiente. Esas pequeñas moléculas actúan como mensajeros que influyen en cómo se expresan los genes dentro de las células. Para poner a prueba ese efecto, los investigadores utilizaron esas muestras de sangre posteriores al ejercicio en células de cáncer de colon cultivadas en el laboratorio. El resultado fue claro: los cambios en el perfil molecular de la sangre alteraron la actividad de más de mil genes. Algunos de ellos reforzaron la reparación del ADN, un proceso crucial para evitar que el daño genético se acumule y derive en tumores. Otros redujeron la actividad de genes vinculados al crecimiento rápido de células, una característica típica de las células cancerosas. Este doble efecto (estimular los sistemas de reparación y frenar las señales de proliferación) sugiere una estrategia natural de defensa que el organismo pone en marcha con el movimiento. No se trata de una “cura” del cáncer, ni de una intervención milagrosa, sino de un refuerzo biológico real y medible que aporta el propio cuerpo cuando se le envía la señal correcta: la actividad física. Una de las proteínas que aumentaron de forma más notable tras esos diez minutos fue la interleucina-6 (IL-6), implicada en procesos de reparación del ADN y en la regulación de la respuesta inmunitaria. Este tipo de moléculas, junto con otras que se activan con el ejercicio intenso, ayudan a crear en el organismo un ambiente menos favorable para que se desarrollen y proliferen células dañinas. El hallazgo es relevante por varias razones. Por un lado, refuerza la idea de que el ejercicio físico no es solo un hábito saludable, sino un componente activo en la prevención de enfermedades graves como el cáncer. Por otro, demuestra que los beneficios del deporte pueden comenzar con intervenciones muy cortas y accesibles para la mayoría de las personas. En un contexto donde las recomendaciones de salud pública suelen hablar de acumular 150 minutos semanales de actividad moderada, este estudio sugiere que incluso esfuerzos breves y concentrados tienen un impacto biológico profundo. Además, al identificar cómo el ejercicio modifica la sangre y la actividad genética, se abren nuevas vías para explorar tratamientos que imiten o potencien esos beneficios naturales. La posibilidad de encontrar terapias que reproduzcan los beneficios del movimiento (especialmente para quienes no pueden realizar actividad física intensa por motivos de salud) es una perspectiva estimulante. Este estudio reafirma la idea de que cada minuto de movimiento cuenta. Aunque diez minutos puedan parecer un gesto trivial, en el lenguaje del cuerpo pueden significar una señal poderosa que activa mecanismos protectores a nivel celular, ayudando a preparar el organismo para enfrentar desafíos como el desarrollo de tumores. En el cruce entre la biología y el estilo de vida, el ejercicio breve emerge como una herramienta accesible, eficaz y profundamente conectada con la salud a largo plazo. Para acceder al estudio (en inglés), pinche aquí. Munideporte.com
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